22 feb 2014

La vida no debería de complicarse así cuando uno tiene todo lo que necesita para ser feliz. La vida es mucho más simple que eso. No es justo sacarle a una persona todas sus sonrisas, no es justo que su humor usual sea el peor. Nadie quiere vivir de esta forma.
Personalmente, aún puedo salir de acá, pero cuando lo pienso es complejo: todas las necesidades para ser feliz están cubiertas, entonces en mi cabeza suena "¿Seré yo el problema?" En ese momento me doy cuenta que las risas en esta casa están muy caras. Cada tanto se escucha una leve y débil de ellas, y ese instante -por más estúpido que suene- me lleva a las lágrimas, es como una gota de agua en un extenso desierto.

A lo largo de tantos años, aprendí a comunicarme con el refugio que tengo en mi interior. En ese lugar las luces no existen, nadie puede verme y a nadie puedo ver. Siempre me invita a acercarme a él y quedarme allí por siempre. Algunos días caigo en la tentación y me encierro durante horas. Me cubro de la tristeza y ella me consuela del Mundo exterior. "No necesitas salir más de aquí", me dice. Me canta canciones que me hacen sentir una niña pequeña y protegida, donde solamente tengo derecho a llorar y a ser consolada. Pero cuando todo eso ya pasó, me doy cuenta que allí las risas tampoco están permitidas, no existen, se apagan en la angustia, entonces huyo, abandono -una vez más- el lugar en mí al que tantas veces acudí.

Es difícil cuando ya es tarde para cambiar, cuando a cada paso que damos expedimos humo sangriento de nuestro corazón, como si todo allí se hubiera quemado, excepto el dolor. Siento ese aroma moribundo alrededor de ella todos los días, pero mi caso aún es reversible, sólo tengo que decidirme y huír de aquí también.