El Sol tiene miedo de tocar
la piel de Montevideo.
Su luz se congela con los contenedores
llenos de rabia, de hambre, de ropas sucias.
Su cálido sabor se pudre
al calentar los pies de la gente.
En la esquina de Uruguay y Magallanes
dos veinteañeras llenan sus pulmones con pasta base
y el Sol se hunde en los edificios.
Los señores intentan solucionar los problemas
que causó la tormenta eléctrica
esta noche
en la ciudad de Montevideo...
tan fría que provoca miedo.
El Sol ya se ha ido de aquí,
ya no quiere ser parte del montón de casas
grises, famélicas, húmedas.