Las palabras están ahí.
Se agarran de mi útero
me pellizcan los ovarios
cosquillean mi estómago
suben hasta el pecho
rogándome que las libere.
Les advierto que el
Mundo exterior es frío
y puede congelar sus
letras por siempre.
En vano hablo...
Fuertes palabras que se alojan
en mi cabeza
para mecerme en un
sentir escalofriantemente
hermoso.