Una noche en que mis alas querían estrenar vuelo, te encontré tirado de cabeza en el suelo y te quise ayudar con la esperanza de que voláramos juntos. Me senté a tu lado y me contaste que eras un pobre señor buscando un poco de esa Magia llamada Alegría. Te dije que podía dártela a cambio de que desde ese instante, nuestras plumas fueran del mismo color. Pero no tenías plumas, así que te dije que te daría amor para que tus alas crecieran. "¿Amor?", preguntaste, confundido. Te expliqué que era eso que todos querían y me agradeciste con un hermoso beso. Allí comenzó nuestro místico viaje, caminando por campos y ciudades donde todo parecía estar hecho de oro.
Mis alas crecían junto con mi corazón, que cada día estaba más colorido. Y muy pronto olvidé el trato; sólo me importó darte más Amor.
Cuidé mis preciosas plumas y soñé volar por todos los cielos.
Te invité a subir a una montaña y desde su cima, despegar. Asumí que tus alas habían crecido tanto como las mías.
Y así, los dos llegamos a aquellas alturas, sin volar aún. Te miré, tan hermoso... Tomé tu mano con un poco de miedo, pero le dije a mi corazón que todo estaría bien. Pero la montaña comenzó a moverse de una forma desesperante como si quisiera tirarnos. Vos reíste fuertemente soltándome la mano y quitaste una venda -que nunca había notado- de mis ojos. Y así fue que realmente te vi, hecho pedazos, sin alas, sin color, sin dientes, sin manos, con un corazón hecho de Mentiras. Sólo te mantenía en pie un pequeño insecto blanco que se asomaba de tu boca. Aterrada, miré a mi alrededor, la montaña seguía moviéndose, obligándome a tener Equilibrio, pero mi cuerpo estaba repleto de ese Dolor que tus ojos le habían enviado. E irremediablemente, caí.
No tuve tiempo de pensar, estaba inmóvil. Mis ácidas lágrimas agujerearon mi rostro, mis alas, mis piernas... Y allí quedé tirada en el suelo.
Permanecí soles y lunas adolorida, sin Amor, todo había sido para vos y ya no me quedaba ni una gota para mí. Mi Alma decidió esconderse tras mis costillas rotas porque no encontraba la forma de enfrentar al temido Dolor. Sin Magia. Sin Luz.
Una noche en que mis alas querían estrenar vuelo, te encontré nuevamente tirado de cabeza en el suelo y te quise mirar con la esperanza de saber quién eras. Sólo logré ver una máscara y una armadura sobre tu pecho. Pero esta vez aprendí a Volar sola.