28 oct 2011

¿No ves que estoy acá abajo? No me animo a pellizcarte porque tu piel está vieja y podrida como nata arraigada al borde de la taza. Sé que de un tirón puedo dejarte en huesos y ni siquiera podrás respirar, pero el líquido infecto de tu cuerpo caería sobre mí, no aguantaría y terminaría ahogándome entre vómitos y cadáveres de los más horrorosos insectos.

¿Es mi obligación mojar cada una de tus malas acciones?
Me refiero a malas cuando arrancan mi estómago con la fuerza de un gigante.