22 sept 2015

Recuesto el sueño en la almohada
y le canto una respiración profunda.
Le muestro las más lindas imágenes
para que alimente su imaginación.
Me pide inmensas porciones de paz
y le doy los latidos más suaves que encuentro.

Durante las horas más oscuras,
la noche lo engaña,
y en un abrazo frío
lo muerde hasta el desquicio.

Las neuronas enloquecen por las mañanas,
reclamando más camas que minutos,
escuchando perfectas melodías de terror,
latiendo junto con el cansancio.

¡Callen al ruido, por favor!
¡Que mi descanso necesita un milagro
para poder revivir!