23 oct 2015

A veces todas las estanterías caen
sin ningún esfuerzo.
Nada puedo hacer
más que mirar
con el espanto en la boca.
Recuerdos, logros, vida
partiéndose contra el piso.

Y en mis ojos
se ve el desgano
esparciéndose por las sábanas,
invitándome a dormir una eternidad,
tentándome a llorar
las desgracias
y a no cumplir más horarios.

Entiendo y acepto
que el desastre
tiene mi nombre.