El Sol tiene miedo de tocar
la piel de Montevideo.
Su luz se congela con los contenedores
llenos de rabia, de hambre, de ropas sucias.
Su cálido sabor se pudre
al calentar los pies de la gente.
En la esquina de Uruguay y Magallanes
dos veinteañeras llenan sus pulmones con pasta base
y el Sol se hunde en los edificios.
Los señores intentan solucionar los problemas
que causó la tormenta eléctrica
esta noche
en la ciudad de Montevideo...
tan fría que provoca miedo.
El Sol ya se ha ido de aquí,
ya no quiere ser parte del montón de casas
grises, famélicas, húmedas.
24 ene 2015
22 feb 2014
La vida no debería de complicarse así cuando uno tiene todo lo que necesita para ser feliz. La vida es mucho más simple que eso. No es justo sacarle a una persona todas sus sonrisas, no es justo que su humor usual sea el peor. Nadie quiere vivir de esta forma.
Personalmente, aún puedo salir de acá, pero cuando lo pienso es complejo: todas las necesidades para ser feliz están cubiertas, entonces en mi cabeza suena "¿Seré yo el problema?" En ese momento me doy cuenta que las risas en esta casa están muy caras. Cada tanto se escucha una leve y débil de ellas, y ese instante -por más estúpido que suene- me lleva a las lágrimas, es como una gota de agua en un extenso desierto.
A lo largo de tantos años, aprendí a comunicarme con el refugio que tengo en mi interior. En ese lugar las luces no existen, nadie puede verme y a nadie puedo ver. Siempre me invita a acercarme a él y quedarme allí por siempre. Algunos días caigo en la tentación y me encierro durante horas. Me cubro de la tristeza y ella me consuela del Mundo exterior. "No necesitas salir más de aquí", me dice. Me canta canciones que me hacen sentir una niña pequeña y protegida, donde solamente tengo derecho a llorar y a ser consolada. Pero cuando todo eso ya pasó, me doy cuenta que allí las risas tampoco están permitidas, no existen, se apagan en la angustia, entonces huyo, abandono -una vez más- el lugar en mí al que tantas veces acudí.
Es difícil cuando ya es tarde para cambiar, cuando a cada paso que damos expedimos humo sangriento de nuestro corazón, como si todo allí se hubiera quemado, excepto el dolor. Siento ese aroma moribundo alrededor de ella todos los días, pero mi caso aún es reversible, sólo tengo que decidirme y huír de aquí también.
Personalmente, aún puedo salir de acá, pero cuando lo pienso es complejo: todas las necesidades para ser feliz están cubiertas, entonces en mi cabeza suena "¿Seré yo el problema?" En ese momento me doy cuenta que las risas en esta casa están muy caras. Cada tanto se escucha una leve y débil de ellas, y ese instante -por más estúpido que suene- me lleva a las lágrimas, es como una gota de agua en un extenso desierto.
A lo largo de tantos años, aprendí a comunicarme con el refugio que tengo en mi interior. En ese lugar las luces no existen, nadie puede verme y a nadie puedo ver. Siempre me invita a acercarme a él y quedarme allí por siempre. Algunos días caigo en la tentación y me encierro durante horas. Me cubro de la tristeza y ella me consuela del Mundo exterior. "No necesitas salir más de aquí", me dice. Me canta canciones que me hacen sentir una niña pequeña y protegida, donde solamente tengo derecho a llorar y a ser consolada. Pero cuando todo eso ya pasó, me doy cuenta que allí las risas tampoco están permitidas, no existen, se apagan en la angustia, entonces huyo, abandono -una vez más- el lugar en mí al que tantas veces acudí.
Es difícil cuando ya es tarde para cambiar, cuando a cada paso que damos expedimos humo sangriento de nuestro corazón, como si todo allí se hubiera quemado, excepto el dolor. Siento ese aroma moribundo alrededor de ella todos los días, pero mi caso aún es reversible, sólo tengo que decidirme y huír de aquí también.
14 dic 2013
Como si estuvieras muerta.
Apenas tengo esta hoja que se cansó de observar mis penas y decidió absorberlas.
Ni siquiera puedo tocar su piel descompuesta. Ella está fría y consumida, mis manos la ahorcaron sin darme aviso. Su cuerpo está decorado con rasguños que escriben mi nombre, cual si fuera la peor obra de arte macabra. ¡Yo no lo hice! ¡No la maté! Quizás mi fuerza actuó en voz de mi espanto al ver tal cosa.
Ni siquiera puedo tocar su piel descompuesta. Ella está fría y consumida, mis manos la ahorcaron sin darme aviso. Su cuerpo está decorado con rasguños que escriben mi nombre, cual si fuera la peor obra de arte macabra. ¡Yo no lo hice! ¡No la maté! Quizás mi fuerza actuó en voz de mi espanto al ver tal cosa.
16 dic 2012
Respiro de a sorbitos para que no me explote el pecho (de una vez por todas). No puedo dejar que la densidad del aire me abrace el corazón porque lo va a matar. Lo va a matar! Y no hay vuelta atrás.
La realidad es tan engañosa... Afila sus manos para envolverme y apuñalarme de locura. Se filtra la verdadera visión entre sus dedos. No sé si lo que veo es fantasía o es que lo real se volvió tan confuso de un momento a otro.
La realidad es tan engañosa... Afila sus manos para envolverme y apuñalarme de locura. Se filtra la verdadera visión entre sus dedos. No sé si lo que veo es fantasía o es que lo real se volvió tan confuso de un momento a otro.
11 dic 2012
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