No se van los tés con miel. Queda en mí esa dulzura perversa con la que revolvíamos las sábanas en tu cama.
Me bañaría con ese aroma a química que sin querer te gustaba para traerte de un tirón. No voy a atarte a esta selva de ciudad, sólo voy a tomar vuelo con un beso tuyo. Tus labios... ¿por qué será que habita en vos esa suavidad?
No se va tu forma de decir, tan dulcemente, algunas palabras, de hablarme como si fuera un siervito en peligro, como si te inspirara la ternura que inspira un bebé. Tus versos en forma geométrica en la cuadernola. Tus cuentos sobre lugares nunca conocidos para mí. Tu gran fuerza para verme derramada en la nada y construirme con ilusiones de otros mundos. Tu vanguardia de mujer que dibujaba mil por qué's sobre los mandatos. Tu paciencia infinita.
Están acá tu voz con la guitarra, tus saltos, tu gracia, tu arte.
Sobre todo, sos arte.