11 ago 2011

Ayer.

Recojo mis vendas ensangrentadas, y sigo. Sigo rumbo al amanecer de mis sentidos naturales e inocentes.
Debo admitir que el cansancio me atrapó en su lecho y ahora me es difícil volver a estar en pie. Siempre tan herida, siempre tan exausta...
Los pretextos que mis ojos pintan en sus pupilas no son más que excusas descartables para distanciarme del cuadro central. Lo peor es no ser capaz de ver ni siquiera las líneas.
Esta búsqueda va a matarme.