Los huesos hechos de piedra
para poder sobrevivir el camino.
La piel suave pero gruesa
para que el viento no atraviese ni un poro.
Brazos y piernas de madera
para flotar en cada charco.
Me siento y pienso en cómo
agradecer tu existencia,
cómo no perder la paciencia
al saber cuántas lágrimas derramaste.
Le enseñaste a mis manos
a moverse a través de este loco Mundo
para poder palpar las cosas buenas
y descartar las malas.
Aceptaste mis diferencias, defectos, virtudes
y me abrazaste incondicionalmente
por siempre.
Toda mi vida daría
para que pudieras recostarte
en la silla más cómoda y reír.