La vida se me va esperando el 17.
Se me escurre entre los dedos el tiempo
que sólo tengo para malgastar.
Lleno líneas del tiempo
con latidos fuertes y golpes de disciplina.
Estoy en la parada totalmente desprotegida
de esos brazos que me acogieron
cuando menos los necesitaba.
Los veo de lejos, húmedos y oscuros,
queriendo colarme entre ellos.
Miro al horizonte
en busca de ese número
para escapar de lo inescapable.