18 feb 2011

Hoy.

Voy en picada.
Mañana estaré saltando al compás del viento.

Hoy no es un buen día. Mis oídos piden sonidos depresivos y eso definitivamente no es lo mejor. Entonces simplemente me tiro al piso y miro el techo, pienso en ese blanco profundo que no quiere ser vacío, pero lo es. Tantas cosas... Tantas ramas sin rumbo que quieren hacer de mi cabeza un mueble sin armar, sin función alguna.

Ya estoy demasiado involucrada como para decir que no me importa, porque sí me importa, y mucho. Más por vos que por mí. Y por mi egoísmo que no deja de lado mi cuerpo, que quiere estar ahí para estar bien, y sentirme bien, pero quién sabe qué pasará.

Todas esas cosas que aprendí, no puedo meterlas en mi vida si ayer/hoy mis manos no son las que quiero. No puedo controlarlas con sus impulsos de meterse en los ojos. No puedo... porque no quiero? No quiero pensarlo.
Prometo juntar fuerzas para pegar mis brazos y piernas, y así subir a la superficie del río.





Hoy me diste asco. No me gusta tu forma de hablar, ni tu forma de verte, ni tu forma de lastimar, ni tu forma de extrañar, ni tu forma de ver todo negro, ni tu ciclotimia, ni tu estupidez extrema, ni tu forma de amar, ni tu cara, ni tus piernas, ni nada. Florencia, mañana te amás.