Buenos. Me extrañan cuando no estoy cerca, así que vienen a mí a cada instante.
No tan buenos. Me visitan más seguido.
Si escribimos una historia y vivimos allí?
La fórmula son las ganas suficientes de cambiar de espacio y mente. Tener en cuenta los dedos con los que escalamos y la dimensión del muro. Hay algo detrás de todos esos ladrillos tan firmemente situados? Me gustaría descubrirlo con mis propias pupilas y oídos. Todos esos sonidos que me transforman y deforman en algo bonito, quiero tenerlos allí cuando no pueda ver y sí oír. Porque la vista engaña a la mente, o viceversa.
Faltó decirme si era bueno dejar una vela encendida cuando la lamparita de luz está funcionando perfectamente. Cuando empiece a fallar, te acercás a la vela y la ponés en el punto medio de las cuatro paredes y allí la dejás hasta que logre apagar completamente a la anterior. Buen plan.