Estamos destinados a no querer a quien nos quiere. O viceversa.
Me creí tan única vestida con tus palabras de oro, y terminé enroscada en mi propia rabia. Tu boca es un mar de ilusiones que no deberías usar.
Y el oro se convirtió en sentimientos de estupidez, que poco a poco se irá resbalando hasta quedar en polvo junto con tus huellas en mi piel.