Estos momentos me sirven para darme cuenta cuán fuerte soy. Y es mucho más de lo que pensaba.
Miro altivamente hacia el frente sin dejar pasar tus vomitivas charlas sobre tormentas que no existen en mi Mundo. Yo sólo busco felicidad absoluta y estoy dispuesta a entregar mi enferma mente por ella. Porque al final mis espinas son tan dulces como la miel, las puedo saborear y al compararlas con las tuyas caer en la cuenta de que estoy muchos escalones por encima de la mediocre seguridad que todos piensan tener. ¡Mírense! Están tapados hasta los ojos con trapos sucios de falsa dignidad. Desnúdense de una vez por todas y hagamos una linda fiesta de bienvenida a la felicidad pura.