25 jul 2011

Realidad onírica.

Horas mal dormidas y soñadas son aquellas en las que vos aparecés. Detesto tanto que mi mente me recuerde que aún estás ahí, escarvando cada trazo de mi piel, cada minúscula parte de mis ropas. ¡Es que intento con todas mis fuerzas quitar tu inconfundible olor de mi sangre! Pero lavo inútilmente.
Entonces te sentaste a mi lado diciéndome una de tus tantas flexibles habladurías, quise no extrañarte, pero no pude hacer más que seguir dormitando en mis más llanos pensamientos. Mi orgullo se juntó con el sentido común y construyeron un muro para que no pudiera tocarte ni con la mirada.

"Nada sabrás del estallido mudo de tu imagen contra mis espejos", siempre será tuya.