7 sept 2011

En vos.

Sé que nada de culpa tenés de ser un mero espejo. Vos, desdeñado y con tus viejas venas, llevás la carga de mi odio. ¿Cómo no podría yo odiar a quien, sin darse cuenta, me ha mostrado esa parte de mi vida que siempre me ha dolido? Siempre... Pero sólo a través de tu detallado reflejo me he dado cuenta.
Mares y mares ahogándome, y yo pensando que respiraba. Una niña ingenua jugando con filosos cuchillos, una estúpida ciega que olvidó que ella misma se colocó la venda, una extraña en su propia historia, un alma cansada sin haber corrido. Años estando sentada en el mismo lugar, hasta que decidiste llegar con tu encandilante imagen del Sol a darme una mano y encaminarme hacia la verdad. No lo sabía. Con toda esa luz tenebrosa que llevabas puesta en tu presencia, imaginé que las mentiras no eran tu fuerte. Pero claro, la niña se equivocó. Estabas inmensamente repleto de palabras y frases quebradizas. Y cuando logré romperlas una por una, descubrí que allí, detrás de esa falsa luz, estaba yo, dentro de tu espejo. Me indagué sin excusas durante horas, días... Pasaste a ser solamente el medio por el cual mi imagen fue descubierta. Tan ensangrentada, tan mojada, pero feliz de por fin tener el gusto de conocerme.