6 feb 2015

3 feb 2015

Agonizan en el cajón los balbuceos
de un amor sin manos, sin pies ni cabeza.
Hasta en el silencio retumban
los crujidos de la piel seca resquebrajándose.
A lo lejos puedo escuchar el fúnebre latir
de tanta necesidad...

Me voy, invisible, a aquel cuarto sin cama
donde vengo durmiendo hace años.
La cabeza descansa nauseabunda
y retiene el vómito
de una cena en mal estado.

Todo lo que puedo decir
ya está dicho en tus breves labios.
No hay más que aceptar
que un centenar de noches
de silencio ruidoso.

2 feb 2015

Está bien querer desplomar mis dedos cansados sobre la mesa.
Allí donde partí tu ego al medio,
allí donde dejé los mil y un besos que te hubiera dado en las mañanas.

Está bien que las excusas para no escribirte
se desangren sobre mi soledad
y me detenga a buscar tus heridas en otros cuerpos.

24 ene 2015

El Sol tiene miedo de tocar
la piel de Montevideo.

Su luz se congela con los contenedores
llenos de rabia, de hambre, de ropas sucias.
Su cálido sabor se pudre
al calentar los pies de la gente.

En la esquina de Uruguay y Magallanes
dos veinteañeras llenan sus pulmones con pasta base
y el Sol se hunde en los edificios.

Los señores intentan solucionar los problemas
que causó la tormenta eléctrica
esta noche
en la ciudad de Montevideo...
tan fría que provoca miedo.

El Sol ya se ha ido de aquí,
ya no quiere ser parte del montón de casas
grises, famélicas, húmedas.
Hay un juego
que jugamos a distancia.
Se llama Extrañar.

Puedo decir que
lo juego muy bien.

22 feb 2014

La vida no debería de complicarse así cuando uno tiene todo lo que necesita para ser feliz. La vida es mucho más simple que eso. No es justo sacarle a una persona todas sus sonrisas, no es justo que su humor usual sea el peor. Nadie quiere vivir de esta forma.
Personalmente, aún puedo salir de acá, pero cuando lo pienso es complejo: todas las necesidades para ser feliz están cubiertas, entonces en mi cabeza suena "¿Seré yo el problema?" En ese momento me doy cuenta que las risas en esta casa están muy caras. Cada tanto se escucha una leve y débil de ellas, y ese instante -por más estúpido que suene- me lleva a las lágrimas, es como una gota de agua en un extenso desierto.

A lo largo de tantos años, aprendí a comunicarme con el refugio que tengo en mi interior. En ese lugar las luces no existen, nadie puede verme y a nadie puedo ver. Siempre me invita a acercarme a él y quedarme allí por siempre. Algunos días caigo en la tentación y me encierro durante horas. Me cubro de la tristeza y ella me consuela del Mundo exterior. "No necesitas salir más de aquí", me dice. Me canta canciones que me hacen sentir una niña pequeña y protegida, donde solamente tengo derecho a llorar y a ser consolada. Pero cuando todo eso ya pasó, me doy cuenta que allí las risas tampoco están permitidas, no existen, se apagan en la angustia, entonces huyo, abandono -una vez más- el lugar en mí al que tantas veces acudí.

Es difícil cuando ya es tarde para cambiar, cuando a cada paso que damos expedimos humo sangriento de nuestro corazón, como si todo allí se hubiera quemado, excepto el dolor. Siento ese aroma moribundo alrededor de ella todos los días, pero mi caso aún es reversible, sólo tengo que decidirme y huír de aquí también.