2 feb 2015

Está bien querer desplomar mis dedos cansados sobre la mesa.
Allí donde partí tu ego al medio,
allí donde dejé los mil y un besos que te hubiera dado en las mañanas.

Está bien que las excusas para no escribirte
se desangren sobre mi soledad
y me detenga a buscar tus heridas en otros cuerpos.