25 feb 2015
Sólo unos minutos.
Sólo eso toma destrozar una vida.
Puede ser de tantas maneras que el número infinito queda corto.
Puede ser de las formas más estúpidas como darle innombrable amor a quien no lo merece y luego quitárselo de un tirón.
Hoy me derrumbó el recuerdo de tu pelo recién lavado rodeando tu cara, tus ojos mirando un papel de contenido banal, mi pecho ardiendo de amor, el Mundo queriendo morir en mis manos.
Sólo eso toma destrozar una vida.
Puede ser de tantas maneras que el número infinito queda corto.
Puede ser de las formas más estúpidas como darle innombrable amor a quien no lo merece y luego quitárselo de un tirón.
Hoy me derrumbó el recuerdo de tu pelo recién lavado rodeando tu cara, tus ojos mirando un papel de contenido banal, mi pecho ardiendo de amor, el Mundo queriendo morir en mis manos.
19 feb 2015
Alanis dijo "I was hoping we could heal each other". Siempre esperando la misma utopía.
Hay que terminar con la pavada de que dos seres humanos pueden curarse juntos. Ambos están demasiado destrozados para levantar los pedazos del otro. Los de uno quedan acostados en el suelo, esperando ser cenizas.
Hay que terminar con la pavada de que dos seres humanos pueden curarse juntos. Ambos están demasiado destrozados para levantar los pedazos del otro. Los de uno quedan acostados en el suelo, esperando ser cenizas.
12 feb 2015
Necesito sacarla de mí. Dijeron que lo mejor no es olvidar, sino transformar. ASí que acá está.
Supongo que es la mujer que todos quieren en sus vidas, pero apenas la dejás entrar, te saca las costillas para demostrarte su intensidad.
Le cuesta despertarse por las mañanas porque su sueño es pesado. Me gustaba verla realmente metida e intentar despertarla, quizás con un golpecito en su brazo, quizás con un beso en el pelo.
¡Ay, su pelo! Lo tiene castaño, largo y lacio. Le gusta secarlo y plancharlo para que quede perfecto, no sabe cuán perfecto es secado apenas con el aire.
Su humor al despertar es el mismo, nada de mal ánimo en las mañanas. El día es su amigo. En su cuarto hay luz, así que abre las cortinas para ver el Sol. Siempre fui una persona de la oscuridad, varias veces me vi obligada a pedirle que no lo hiciera. Aún así me regalaba sus besos de viento.
No tiene demasiadas ganas de cocinar, pero su comida está llena de amor y rico sabor. ¡Cómo me hubiera gustado darle ese gusto eterno a mi estómago!
Le gusta saber demasiadas cosas, desea superar a muchos, ser mejor, saber más y más. En su biblioteca tiene muchos libros de los cuales sólo puedo identificar un par. Las cosas nuevas son su hobbie, así que es su propia maestra en algunos instrumentos mientras yo observo sus lunares y su besable piel.
¿Y cómo describir su deseo y el mío? "Tu sexo/ una delicada/ pieza/ de arte", dijo A. Srabonián y le quito los versos para pintarlo tan simple y complicado. Su olor es el mejor desayuno.
Su tristeza es digna de escribir un libro (como ella quería), profunda y atrapante. Te hace pensar que sí podés matarla, pero allí está todos los días martillando su hermoso sentir. No fui buena mezclando mi salud con la suya. Nos hicimos mal, profundizamos demasiado en lo que no debíamos.
Nunca me importó nuestra pequeña diferencia de edad, mi poco conocimiento de todo, mi poca experiencia en su comparación, mi inocencia rozando con estupidez... Hoy pienso que a ella sí.
Los mínimos recuerdos que puedo escribir están llenos de un inmenso amor. No quita que el dolor se infiltre en cada insignificante movimiento, palabra, sueño, día.
Me gustaría despedirme con un "Saludos y a las órdenes", pero esto no es tan simple como un mail formal.
Acá dejo una gotita de mi sangre, esa sangre que recorrió kilómetros por mis venas cuando la amé. Realmente la amé.
Supongo que es la mujer que todos quieren en sus vidas, pero apenas la dejás entrar, te saca las costillas para demostrarte su intensidad.
Le cuesta despertarse por las mañanas porque su sueño es pesado. Me gustaba verla realmente metida e intentar despertarla, quizás con un golpecito en su brazo, quizás con un beso en el pelo.
¡Ay, su pelo! Lo tiene castaño, largo y lacio. Le gusta secarlo y plancharlo para que quede perfecto, no sabe cuán perfecto es secado apenas con el aire.
Su humor al despertar es el mismo, nada de mal ánimo en las mañanas. El día es su amigo. En su cuarto hay luz, así que abre las cortinas para ver el Sol. Siempre fui una persona de la oscuridad, varias veces me vi obligada a pedirle que no lo hiciera. Aún así me regalaba sus besos de viento.
No tiene demasiadas ganas de cocinar, pero su comida está llena de amor y rico sabor. ¡Cómo me hubiera gustado darle ese gusto eterno a mi estómago!
Le gusta saber demasiadas cosas, desea superar a muchos, ser mejor, saber más y más. En su biblioteca tiene muchos libros de los cuales sólo puedo identificar un par. Las cosas nuevas son su hobbie, así que es su propia maestra en algunos instrumentos mientras yo observo sus lunares y su besable piel.
¿Y cómo describir su deseo y el mío? "Tu sexo/ una delicada/ pieza/ de arte", dijo A. Srabonián y le quito los versos para pintarlo tan simple y complicado. Su olor es el mejor desayuno.
Su tristeza es digna de escribir un libro (como ella quería), profunda y atrapante. Te hace pensar que sí podés matarla, pero allí está todos los días martillando su hermoso sentir. No fui buena mezclando mi salud con la suya. Nos hicimos mal, profundizamos demasiado en lo que no debíamos.
Nunca me importó nuestra pequeña diferencia de edad, mi poco conocimiento de todo, mi poca experiencia en su comparación, mi inocencia rozando con estupidez... Hoy pienso que a ella sí.
Los mínimos recuerdos que puedo escribir están llenos de un inmenso amor. No quita que el dolor se infiltre en cada insignificante movimiento, palabra, sueño, día.
Me gustaría despedirme con un "Saludos y a las órdenes", pero esto no es tan simple como un mail formal.
Acá dejo una gotita de mi sangre, esa sangre que recorrió kilómetros por mis venas cuando la amé. Realmente la amé.
Me siento sucia.
Me envolvieron tus deprimentes palabras de ayer. Salían de tu boca como burbujas que se explotaban en mi cuerpo y dejaban marcas de colores.
Pensaba en lo patético de mi vida, en que ya no quiero levantarme porque sangro en cada paso. No quiero manchar más el suelo, cuesta limpiarlo.
Al final de la noche terminé sola en mi cama que me apega a la tristeza, a dormir de a saltos, a comer pesadillas con tu imagen.
Como siempre, tuve que levantarme a las pocas horas y fingir que quiero seguir viviendo en este cuerpo y mente. Caminé al trabajo y mostré a todos mi rostro de mentira.
Los momentos del día parecieron no ser tan malos, hasta que me hundí nuevamente en esta soledad que me apuñala. Y pienso, pienso, pienso. Pienso demás.
Me siento sucia, sí. Puedo sentir tu olor impregnado en mi cuerpo. Lo deseo tanto... Pero no así, no pegado en mí como marca de la salvaje carnicería.
Me envolvieron tus deprimentes palabras de ayer. Salían de tu boca como burbujas que se explotaban en mi cuerpo y dejaban marcas de colores.
Pensaba en lo patético de mi vida, en que ya no quiero levantarme porque sangro en cada paso. No quiero manchar más el suelo, cuesta limpiarlo.
Al final de la noche terminé sola en mi cama que me apega a la tristeza, a dormir de a saltos, a comer pesadillas con tu imagen.
Como siempre, tuve que levantarme a las pocas horas y fingir que quiero seguir viviendo en este cuerpo y mente. Caminé al trabajo y mostré a todos mi rostro de mentira.
Los momentos del día parecieron no ser tan malos, hasta que me hundí nuevamente en esta soledad que me apuñala. Y pienso, pienso, pienso. Pienso demás.
Me siento sucia, sí. Puedo sentir tu olor impregnado en mi cuerpo. Lo deseo tanto... Pero no así, no pegado en mí como marca de la salvaje carnicería.
7 feb 2015
6 feb 2015
3 feb 2015
Agonizan en el cajón los balbuceos
de un amor sin manos, sin pies ni cabeza.
Hasta en el silencio retumban
los crujidos de la piel seca resquebrajándose.
A lo lejos puedo escuchar el fúnebre latir
de tanta necesidad...
Me voy, invisible, a aquel cuarto sin cama
donde vengo durmiendo hace años.
La cabeza descansa nauseabunda
y retiene el vómito
de una cena en mal estado.
Todo lo que puedo decir
ya está dicho en tus breves labios.
No hay más que aceptar
que un centenar de noches
de silencio ruidoso.
de un amor sin manos, sin pies ni cabeza.
Hasta en el silencio retumban
los crujidos de la piel seca resquebrajándose.
A lo lejos puedo escuchar el fúnebre latir
de tanta necesidad...
Me voy, invisible, a aquel cuarto sin cama
donde vengo durmiendo hace años.
La cabeza descansa nauseabunda
y retiene el vómito
de una cena en mal estado.
Todo lo que puedo decir
ya está dicho en tus breves labios.
No hay más que aceptar
que un centenar de noches
de silencio ruidoso.
2 feb 2015
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