12 feb 2015

Necesito sacarla de mí. Dijeron que lo mejor no es olvidar, sino transformar. ASí que acá está.


Supongo que es la mujer que todos quieren en sus vidas, pero apenas la dejás entrar, te saca las costillas para demostrarte su intensidad.

Le cuesta despertarse por las mañanas porque su sueño es pesado. Me gustaba verla realmente metida e intentar despertarla, quizás con un golpecito en su brazo, quizás con un beso en el pelo.

¡Ay, su pelo! Lo tiene castaño, largo y lacio. Le gusta secarlo y plancharlo para que quede perfecto, no sabe cuán perfecto es secado apenas con el aire.

Su humor al despertar es el mismo, nada de mal ánimo en las mañanas. El día es su amigo. En su cuarto hay luz, así que abre las cortinas para ver el Sol. Siempre fui una persona de la oscuridad, varias veces me vi obligada a pedirle que no lo hiciera. Aún así me regalaba sus besos de viento.

No tiene demasiadas ganas de cocinar, pero su comida está llena de amor y rico sabor. ¡Cómo me hubiera gustado darle ese gusto eterno a mi estómago!

Le gusta saber demasiadas cosas, desea superar a muchos, ser mejor, saber más y más. En su biblioteca tiene muchos libros de los cuales sólo puedo identificar un par. Las cosas nuevas son su hobbie, así que es su propia maestra en algunos instrumentos mientras yo observo sus lunares y su besable piel.

¿Y cómo describir su deseo y el mío? "Tu sexo/ una delicada/ pieza/ de arte", dijo A. Srabonián y le quito los versos para pintarlo tan simple y complicado. Su olor es el mejor desayuno.

Su tristeza es digna de escribir un libro (como ella quería), profunda y atrapante. Te hace pensar que sí podés matarla, pero allí está todos los días martillando su hermoso sentir. No fui buena mezclando mi salud con la suya. Nos hicimos mal, profundizamos demasiado en lo que no debíamos.

Nunca me importó nuestra pequeña diferencia de edad, mi poco conocimiento de todo, mi poca experiencia en su comparación, mi inocencia rozando con estupidez... Hoy pienso que a ella sí.

Los mínimos recuerdos que puedo escribir están llenos de un inmenso amor. No quita que el dolor se infiltre en cada insignificante movimiento, palabra, sueño, día.

Me gustaría despedirme con un "Saludos y a las órdenes", pero esto no es tan simple como un mail formal.

Acá dejo una gotita de mi sangre, esa sangre que recorrió kilómetros por mis venas cuando la amé. Realmente la amé.