Me siento sucia.
Me envolvieron tus deprimentes palabras de ayer. Salían de tu boca como burbujas que se explotaban en mi cuerpo y dejaban marcas de colores.
Pensaba en lo patético de mi vida, en que ya no quiero levantarme porque sangro en cada paso. No quiero manchar más el suelo, cuesta limpiarlo.
Al final de la noche terminé sola en mi cama que me apega a la tristeza, a dormir de a saltos, a comer pesadillas con tu imagen.
Como siempre, tuve que levantarme a las pocas horas y fingir que quiero seguir viviendo en este cuerpo y mente. Caminé al trabajo y mostré a todos mi rostro de mentira.
Los momentos del día parecieron no ser tan malos, hasta que me hundí nuevamente en esta soledad que me apuñala. Y pienso, pienso, pienso. Pienso demás.
Me siento sucia, sí. Puedo sentir tu olor impregnado en mi cuerpo. Lo deseo tanto... Pero no así, no pegado en mí como marca de la salvaje carnicería.