"Me siento normal", respondí, sin darme cuenta que lo normal en mí no es lo esperable.
Pero siguió la terapia con un montón de preguntas que rearmaron algunos estantes de mi cabeza.
Poco a poco reconstruyo, con mucha ayuda, lo que se supone que alguna vez sentí, ese equilibrio anhelado, ese ánimo que no destruye mis días, esa alegría que dicen que todos merecemos.
Sí, te extraño.
Sí, me duele.
Sí, quiero estar contigo.
Sí, tengo infinito miedo y no quiero pensar.