3 ago 2015

En mi somnolencia de malas y pocas
horas dormidas
te miro y te toco sin más.
Aprovecho los sueños para
existir en esa realidad que no pudo ser.
Esa en la que me culpás
de no haber sabido amar.

Los párpados se pierden
en el movimiento.
Cerrar y abrir,
cerrar y abrir.
Cabeceo sin control.

Me trago los "te extraño"
como espinas
que arrastran la sangre
al estómago,
allí donde debe estar
para que no la veas.