Esperanzadas mañanas donde me levanto enganchada de sueños difíciles de separar.
Escucho la puerta del baño cerrarse y blasfemo para mi interior. Los minutos corren y no los puedo alcanzar.
Corro a la cocina, corro a vestirme, corro a los pensamientos que me exigen ser escritos.
Por fin se oye el agua de la cisterna bajar y espero cerca para ahorrar segundos que quién sabe dónde se esconden.
Clavo la mirada penetrante en el ser que se atrevió a quitarme el lugar aunque sé que nada de culpa tiene. Agacha la cabeza, como presa entregada, y sigue su camino al cuarto.
El espejo me espera para decirme que hoy es un día más, uno de esos que me llevan adelante en esta carrera que sí es vida.
Me escucho decirme que con una sonrisa todo es mejor, palabras clichés escritas en bocas de todos.
El agua helada recorre mi palidez y me siento bien. Hoy me siento bien.