Ni siquiera en mi cama soy libre
me atan las cuerdas de las alarmas
del vivir como no quiero
y del como quiero, también.
Ayer dormí en la tuya
porque tus cuerdas son más livianas
pero dijiste ahora haber comprado
las más gruesas del condado
para poder atarme sin problema.
Estoy allá, en otro lado
donde puedo soplar un poquito el viento
para que me de vuelo
y así salir de la piel que también me atrapa.
Se forman hilos de letras desde tu boca
con agujas que intentan coser
mis manos en tu espalda
y que así puedas
-sin querer, quizás-
llevarme a cuestas.
Y eso sí: es deber en esta prisión
dejar mis defectos en la puerta.