12 feb 2015

Me siento sucia.

Me envolvieron tus deprimentes palabras de ayer. Salían de tu boca como burbujas que se explotaban en mi cuerpo y dejaban marcas de colores.

Pensaba en lo patético de mi vida, en que ya no quiero levantarme porque sangro en cada paso. No quiero manchar más el suelo, cuesta limpiarlo.

Al final de la noche terminé sola en mi cama que me apega a la tristeza, a dormir de a saltos, a comer pesadillas con tu imagen.

Como siempre, tuve que levantarme a las pocas horas y fingir que quiero seguir viviendo en este cuerpo y mente. Caminé al trabajo y mostré a todos mi rostro de mentira.

Los momentos del día parecieron no ser tan malos, hasta que me hundí nuevamente en esta soledad que me apuñala. Y pienso, pienso, pienso. Pienso demás.

Me siento sucia, sí. Puedo sentir tu olor impregnado en mi cuerpo. Lo deseo tanto... Pero no así, no pegado en mí como marca de la salvaje carnicería.

7 feb 2015

La última vez que estuve en este lugar fue contigo.
Es doloroso ver cada rincón lleno de tu ausencia, deshojando las sonrisas de las miradas.
Me pesa la decepción de extrañarte. Me pesa en la boca y ya no puedo comer. Me pesa en las piernas y ya no me puedo levantar.

6 feb 2015

Lo importante es sacar la espina.
Luego de eso es sólo aguantar el dolor de la cicatrización.
I just wanna die.
¿Cuántas veces tengo que soportar los azotes de la necesidad sin fin?

3 feb 2015

Agonizan en el cajón los balbuceos
de un amor sin manos, sin pies ni cabeza.
Hasta en el silencio retumban
los crujidos de la piel seca resquebrajándose.
A lo lejos puedo escuchar el fúnebre latir
de tanta necesidad...

Me voy, invisible, a aquel cuarto sin cama
donde vengo durmiendo hace años.
La cabeza descansa nauseabunda
y retiene el vómito
de una cena en mal estado.

Todo lo que puedo decir
ya está dicho en tus breves labios.
No hay más que aceptar
que un centenar de noches
de silencio ruidoso.

2 feb 2015

Está bien querer desplomar mis dedos cansados sobre la mesa.
Allí donde partí tu ego al medio,
allí donde dejé los mil y un besos que te hubiera dado en las mañanas.

Está bien que las excusas para no escribirte
se desangren sobre mi soledad
y me detenga a buscar tus heridas en otros cuerpos.