10 mar 2015
Viejos versos a una antigua compañera
Lamento haber opacado tus ganas de correr
y sentir tu instinto a flor de piel
en este lugar.
Espero recibas mil rayitos de Sol donde estés
todas las mañanas,
que abraces con ganas los árboles
que en esta vida sólo por miedo trepaste,
que encuentres el goce de tu merecida
cadena alimenticia.
Quién sabe cuándo me acostumbraré
a que tus ojos verdes
ya no esperen pies movedizos durante
las madrugadas.
Quién sabe si las próximas orejas que acaricie
serán tan suaves y filosas como las tuyas.
Quién sabe si volverás a mi falda
aunque sea en sueños.
Pero aquí te espero,
dispuesta a tu entrañable y peligroso cariño.